Muchos líderes del actual movimiento animal están apoyando e incluso ayudando a desarrollar esquemas de etiquetas de productos animales y estándares de ganadería "compasivos con los animales". Algunos están incluso promocionando productos animales tales como huevos que llevan una etiqueta "campera". Esta tendencia que crece rápidamente está siendo celebrada por algunos como "un nuevo nivel de compromiso" con la industria, y criticado por otros como nada menos que la apropiación al por mayor de la causa de los animales por parte de la industria.
En Febrero de 2006 la Sociedad Humanitaria de Estados Unidos pidió públicamente a la Casa Blanca que "utilizasen huevos camperos en vez de los abusivos huevos de jaulas de batería" para su panecillo de Semana Santa anual. La mayoría de lectores encontrarán, espero, que la petición es tan tonta como moralmente sesgada. Los huevos camperos también son productos del abuso. Los huevos artificales podrían emplearse fácilmente. De forma menos obvia quizás, pedir a los consumidores que compren huevos camperos en vez de huevos de batería va también desencaminado. Emplear huevos como comida es tan innecesario como utilizarlos para jugar, hay alternativas ya disponibles que no provienen de animales. Los activistas que promueven huevos camperos buscan mitigar el intenso sufrimiento de las gallinas de la industria del huevo causando un cambio en el número de huevos de jaulas ante el de gallinas no enjauladas. Sin embargo, apoyar cualquier forma de explotación especista es contraproducente y moralmente erróneo.
Jeremy Bentham y su moderno proponente, Peter Singer, mantienen que los animales son miembros de la comunidad moral y rechazan el punto de vista de aquéllos que, como Kant y Locke, afirman que los animales carecen de significación moral alguna. El problema es que Bentham y Singer aceptan el estatuto de los animales, en tanto que susceptibles de ser propiedad de alguien, es consistente con la significación moral de los intereses de los animales, incluso si los animales son susceptibles de ser propiedad de alguien.
Blackie, una carpa dorada moor severamente deformado, a duras penas podía nadar. Big Red, una carpa dorada oranda más grande, sintió la impotencia de Blackie. Tan pronto como Blackie fue introducido en el tanque de Big Red, éste comenzó a cuidarle. “Big Red observa constantemente a su nuevo y enfermo compañero, levantándole suavemente en su ancha espalda y nadando con él alrededor del tanque” informaba un periódico sudafricano en 1985. Siempre que la comida era esparcida sobre ellos, Big Red llevaba a Blackie a la superficie del agua para que los dos pudieran comer. El dueño de la pecera dijo que durante un año Big Red había estado mostrando esa “compasión”. La mayoría de los humanos muestran mucha menos compasión por los peces. Trágica e irónicamente, fallamos en reconocer una sensibilidad en los peces que sobrepasa la nuestra de muchas maneras distintas.
En parte porque piensan en los peces como seres insensibles, mucha gente que por lo demás, evita comer carne, continua comiendo carne de peces e incluso se llaman así mismos vegetarianos. Bioquímica y estructuralmente el sistema nervioso de los peces es muy parecido al nuestro. Los peces poseen abundantes receptores de dolor y producen sustancias químicas conocidas por combatir el dolor y el miedo. Cuando se hieren, ellos se retuercen, jadean y muestran otras señales de sufrimiento.
Un grupo de académicos colaboró en un libro de ensayos, El Proyecto Gran Simio (PGS), publicado en 1993 (1). Estaba acompañado por un documento, Una Declaración sobre los Grandes Simios, al que los editores y contribuyentes del libro también se suscribieron: afirmaba que los grandes simios "son nuestros parientes más cercanos a nuestra especie"; estos no-humanos "tienen capacidades mentales y una vida emocional suficiente para justificar su inclusión en la comunidad de iguales".
Si has estado implicado en el movimiento de derechos animales durante algún periodo de tiempo, o si has contribuido sólo a una organización animal en toda tu vida, probablemente recibas un número aparentemente interminable de peticiones de donaciones. La semana pasada, según estaba sorteando entre todas las muchas oportunidades que se me ofrecían para "ayudar a los animales" firmando un cheque, me fijé en una de la Sociedad Antivivisección de Nueva Inglaterra (NEAVS) que pedía dinero para financiar el "Proyecto L&R: Liberación y Restitución de Chimpancés en Laboratorios Estadounidenses".
Desde hace varios años, diversas voces que forman parte del movimiento por la abolición de la esclavitud animal manifiestan que las reformas de las condiciones en que dicha esclavitud tiene lugar contribuyen a perpetuar esta injusticia y sirven a los intereses de los esclavistas.