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Libertad, igualdad y grandes simios
Libertad, igualdad y grandes simios
Gary L. Francione
Traducido por Jose Valle para Igualdad Animal. Se permite la reproducción de esta traducción siempre que se indique la autorÃa y se incluya un enlace al sitio web de Igualdad Animal.
Un grupo de académicos colaboró en un libro de ensayos, El Proyecto Gran Simio (PGS), publicado en 1993 (1). Estaba acompañado por un documento, Una Declaración sobre los Grandes Simios, al que los editores y contribuyentes del libro también se suscribieron: afirmaba que los grandes simios "son nuestros parientes más cercanos a nuestra especie"; estos no-humanos "tienen capacidades mentales y una vida emocional suficiente para justificar su inclusión en la comunidad de iguales".
Una considerable cantidad de obras se han desarrollado en los recientes años que discuten el alcance en el que los grandes simios, junto con los delfines, loros, y puede que otros animales, tienen caracterÃsticas cognitivas que con anterioridad se pensaba que eran únicamente humanas. Estas incluyen la auto-consciencia, emocines y la capacidad para comunicarse con un lenguaje simbólico. Han habido esfuerzos por poner a los grandes simios en una clase separada merecedora de más protección. El PGS popularizó lo que yo llamo la "teorÃa de mentes similares" (2) de la relación humana y no-humana: los animales que tienen mentes como las nuestras deberÃan recibir mayor consideración moral y protección legal.
Este enfoque ha resultado en una industria de etólogos cognitivos ansiosos por investigar (a menudo mediante experimentos con animales) el alcance en que los no-humanos tienen caracterÃsticas cognitivas similares a las humanas. El otro lado de la teorÃa de mentes similares es que esos animales que carecen de estas capacidades son todavÃa considerados como cosas, que pueden ser merecedoras de trato humanitario pero no del trato preferido que estamos obligados a acordar a los no-humanos que tienen mentes similares a las nuestras.
Yo fui un participante del Proyecto Gran Simio y uno de los suscribientes originales de la declaración (3). No obstante, en mi ensayo de 1993 y en escritos posteriores (4), he expresado la postura de que la sintiencia es suficiente para ser miembro de pleno derecho en la comunidad moral. Ninguna otra caracterÃstica cognitiva es requerida
Ningún avance
Los proponentes de la teorÃa de mentes similares la presentan como progresiva porque parece que permite la inclusión de al menos algunos no-humanos en la comunidad de iguales. Pero lo cierto es que es justo lo contrario: la teorÃa de mentes similares sólo hará más fácil para nosotros excluir a casi todo los no-humanos de la comunidad moral. Puede que sea el momento de examinar más detalladamente todo el asunto de relacionar la significancia moral de los no-humanos con atributos cognitivos más allá de la sintiencia. ¿Por qué no intentar determinar si algunos no-humanos tienen tales atributos cognitivos o si los tienen de un modo suficientemente parecido para merecer personalidad moral y legal?
En un sentido, la teorÃa de mentes similares es peculiar. Cualquiera que haya vivido con un perro o gato reconoce que estos no-humanos son inteligentes, auto-conscientes y emocionales, incluso aunque sean más diferentes genéticamente de nosotros de lo que lo son los grandes simios. No hay forma de que podamos explicar el comportamiento de estos no-humanos sin basarnos en conceptos mentales. Los no-humanos pueden no tener estados intencionales que sean predicativos en el mismo sentido que los estados intencionales que implican comunicación simbólica, pero tienen estados cognitivos que son equivalentes a creencias y deseos.
Es fascinante, 150 años después de Darwin, que estemos sorprendidos de que otros animales puedan tener caracterÃsticas que se pensaban que eran únicamente humanas. La idea de que los humanos tienen caracterÃsticas mentales totalmente ausentes en los no-humanos es inconsistente con la teorÃa de la evolución, que mantiene que no hay ninguna caracterÃstica únicamente humana. Esto no niega una diferencia significativa en cognición entre un animal que emplea la comunicación simbólica y otro que no; sólo afirma que la diferencia no es cualitativa, dado que un animal tiene una caracterÃstica cognitiva que no tiene equivalente en el otro.
Aunque creo que los no-humanos poseen caracterÃsticas que consideramos como únicamente humanas, me doy cuenta de que hay controversia sobre este punto; y hay ciertamente diferencias entre las mentes humanas y las mentes de otros animales que no emplean el lenguaje.
Hay al menos dos razones para rechazar la idea de que los no-humanos deben ser más que capaces de sentir para pertenecer completamente en la comunidad moral. Una dificultad es práctica: ¿resultará la teorÃa de mentes similares en algún cambio significativo de trato incluso para aquellos no-humanos que tienen caracterÃsticas cognitivas muy similares a las nuestras? La otra dificultad es teórica: se refiere al fallo de la teorÃa en afrontar la cuestión moral fundamental de por qué otra cualquier caracterÃstica aparte de la sintiencia es necesaria para ser un miembro de pleno derecho en la comunidad moral.
Nada más que retraso
La teorÃa de mentes similares probablemente no hace más que retrasar nuestra confrontación co nuestras obligaciones morales y legales hacia los no-humanos meintras amasamos la evidencia empÃrica necesaria para concluir que algunos no-humanos tienen mentes similares a las de los humanos. Incluso cuando no hay duda de esta similitud, ignoramos la evidencia y continúa su explotación.
Las similitudes entre los humanos y los chimpancés es infalible. El ADN de los chimpancés es un 98,5% como el nuestro, y los chimpancés tienen una vida cultuar y mental similar a la nuestra. Hemos conocido sobre estas similitudes desde hace tiempo: el punto del Proyecto Gran Simio era presentar el caso sobrecogedoramente poderoso de que no hay diferencias relevantes entre los humaos y los grandes simios para el propósito de incluirles en la comunidad moral.
Pero todavÃa encarcelamos chimpancés en zoos y les utilizamos en experimentos biomédicos. Incluso Jane Goodall, descrita en el Proyecto Gran Simio como una "persona que hay hecho que la gente aprecie que los chimpancés son individuos con diferentes personalidades y complejas relaciones sociales" ha declinado exigir una prohibición total de nuestra explotación sobre ellos.
La teorÃa de mentes similares no especifica el alcance en el que los no-humanos deben poseer una caracterÃstica antes de que les consideremos suficientemente como nosotros para los propósitos de significación moral. Hay evidencias persuasivas de que los loros tienen capacidades conceptuales de niños de cinco años pero todavÃa les vendemos en tiendas de mascotas. ¿Cuán inteligente ha de ser un loro antes de que apruebe? ¿Tiene que tener la capacidad conceptual de un niño de ocho años o de uno de doce? Algunos chimpacés han mostrado la capacidad para utilizar y manipular el lenguaje humano.
El problema con este juego de caracterÃsticas especiales es que los no-humanos no pueden ganar nunca. Si determinamos que los loros tienen la capacidad de comprender y manipular números de un sólo dÃgito, continuarÃamos especificando que deben ser capaces de comprender y manipualr números de dos dÃgitos.
Cuando un chimpancé indica que tiene un extenso vocabulario, demandamos que muestre los niveles de capacidad sintática para demostrar que su mente es como la nuestra. Algunos no-humanos tendrán mayor capacidad de una caracterÃstica de la que tendrán algunos humanos, pero no deberÃamos explotar a esos humanos del mismo modo que explotamos a los no-humanos.
No sólo similares sino idénticas
Hay una preocupación legÃtima de que la teorÃa requiere que los animales tengan mentes que no sólo sean similares sino idénticas a las nuestras, y que si no las tienen, nunca pertenecerán completamente a la comunidad moral. Incluso entonces, no habrÃa garantÃa de que no discriminásemos a los no-humanos. En el siglo XIX, los racistas se basaban en la frenologÃa (la determinación de los rasgos de personaldiad en base a la forma de la cabeza) para declarar que los negros, judÃos y otros grupos étnicos tenÃan mentes diferentes. Incluso tener una mente idéntica no serÃa suficiente protección si hubiese razón y deseo para discriminar.
Dado que probablemente hay diferencias entre las mentes de los animales que utilizan la comunicación simbólica y aquellos que no, la teorÃa de mentes similares permitirá la opresión continuada de los no-humanos a la vez que buscamos una prueba para una identidad que puede que nunca se realice. (Particularmente si queremos continuar comiendo carne y utilizando productos animales).
Incluso si la teorÃa significase que reconocemos la personalidad de algunos no-humanos, tales como los grandes simios o los delfines, ¿qué hay de los muchos más animales que nunca podrán demostrar la capacidad para utilizar el lenguaje humano u otras caracterÃsticas que asociamos con las mentes humanas? La teorÃa exige la cuestión moral fundamental y de base: ¿por qué es necesario algo aparte de la sintiencia para que los no-humanos tengan el derecho a no ser tratados como objetos para uso humano?
La teorÃa de mentes similares asume de que las caracterÃstica cognitivas humanas tienen valor moral y justifican un trato diferencial. Pero no hay justificación para la postura de que las caracterÃsticas de los humanos sean más valiosas moralmente que las de los no-humanos. Valoramos nuestras capacidades lingüÃsticas porque somos los seres que somos, asà como los murciélagos valoran su ecolocalización porque son los seres que son. ¿Pero es la capacidad de utilizar una comunicación simbólica moralmente más valiosa que la capacidad de encontrarte con el mundo a través de ondas sonoras? ¿Quién dice que es asÃ?
Incluso si todos los animales aparte de los humanos careciesen de caracterÃsticas cognitivas aparte de la sintiencia, o las tuviesen en un grado menor o de un modo diferente al de los humanos, la carencia no nos justificarÃa a tratarles como cosas. Las diferencias entre humanos y no-humanos podrÃan ser relevantes para otros propósitos. Nadie mantiene que los no-humanos deban conducir coches o ir a la universidad. Pero estas diferencias no tienen relación sobre si deberÃamos comer a los no-humanos o utilizarles en experimentos. Ni deberÃan tenerla.
Cualquiera que sea la caracterÃstica que identificamos como únicamente humana serÃa vista en menor grado en algunos humanos y en otros. Algunos humanos tienen las mismas deficiencias que atribuimos a los no-humanos, pero eso no es relevante para decidir si esclavizar a tales humanos o tratarles como recursos sin valor inherente.
Nuestra obligación de no explotar a los no-humanos no deberÃa depender de si los animales tienen mentes como las nuestras, más allá de la sintiencia. Cuando te sientes a cenar esta noche, tu comida probablemente incluya carne, aves o peces. Un animal que ha sido matado para que te lo comas, y ha sufrido. La moralidad de esto no deberÃa ser contigente a si el ese animal tenÃa una mente como la nuestra más allá del mÃnimo requerimiento de que fuese sintiente y le importase su vida, como hacemos nosotros. Incluso si hubiese incertidumbre sobre los insectos y otras criaturas, no puede haber duda sobre los miles de millones de vacas, cerdos, pollos, patos y peces que comemos.
Las iniciativas como el Proyecto Gran Simio tienen menos que ver con nuestra preocupación por los grandes simios y más que ver con el reforzamiento de una jerarquÃa especista que nunca reconocerá a los grandes simios como miembros de pleno derecho de la comunidad moral y asegurarán que todos los demás animales permanezcan fuera de nuestra preocupación moral.
© 2007 por Gary L. Francione. Por favor no reproduzcas este texto sin la autorización expresa por escrito del autor el cual puede ser contactado a través del correo electrónico: gfrancione@earthlink.net El autor no ha revisado esta traducción. Gary L. Francione es Profesor Distinguido y Académico Nicholas deB. Katzenbach de Leyes y FilosofÃa de la Escuela de Leyes de la Universidad Rutgers de Newark , New Jersey. Es autor de Introduction to Animal Rights: Your Child or the Dog? (2000), Animals, Property, and the Law (1995), y Rain Without Thunder: The Ideology of the Animal Rights Movement (1996). Su libro más reciente Animal Rights, Animal Welfare, and the Law, será publicado por Columbia University Press en 2007.
Igualdad Animal no comparte necesariamente todas y cada una de las cuestiones expresadas por el autor en el artÃculo; sin embargo, consideramos interesante su publicación por la aportación que puede hacer a la causa de la igualdad animal.

