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En Igualdad Animal estamos haciendo una intensa campaña para promover el vegetarianismo desde hace más de 6 meses en distintas ciudades. Hemos repartido más de 100000 folletos y miles copias gratuitas de documentales.
En estas acciones utilizamos una pantalla portátil con unos altavoces, y proyectamos imágenes reales de mataderos, barcos pesqueros, “granjas”… es la realidad a la que no solemos tener acceso.
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Hemos vivido momentos increíbles, con decenas de personas paradas mirando el video, he visto a gente llorar, quedarse impactada, venir a pedirnos urgentemente información sobre vegetarianismo, decirnos que se han hecho vegetarianos por la información que les facilitamos… Pero hay algo que me ha llamado especialmente la atención. Pensar en la cantidad de gente que ha estado mirando el video y pensar que ha sido exclusivamente la curiosidad lo que les motivaba, el “morbo” de ver esas imágenes.
Decía Susan Sontag que nos hemos convertido en consumidores del horror. Que contemplamos fotografías de catástrofes o que nos sentamos delante del televisor y vemos imágenes de injusticias como espectadores pasivos.
No tenemos derecho a meramente consumir-desechar estas imágenes. ¿Cómo podemos simplemente contemplar el horror y permanecer impasibles? ¿Cómo podemos mirar aquello que provocamos directamente sin sentir la responsabilidad sobre nuestros hombros?