En el libro "Las vidas de los animales", J.M. Coetzee profundiza en nuestra relación con los animales no humanos. Este libro tiene una fuerza descomunal, en el que podemos encontrar algunos de los pasajes más poderosos y conmovedores que se hayan escrito nunca para mostrar y denunciar la esclavitud que están padeciendo aquellos y aquellas que no pertenecen a nuestra especie:
"Esta mañana me han llevado a dar un paseo en coche por Waltham. Parece una población muy agradable. No he visto horror alguno, ningún laboratorio donde ensayen nuevos fármacos, ninguna fábrica de productos animales, ningún matadero. Sin embargo, estoy segura de que están ahí. Por fuerza tienen que estar ahí. Simplemente, no se anuncian al público. Están a nuestro alrededor incluso ahora, mientras hablo con ustedes, solo que, en cierto modo, no tenemos conocimiento de ellos.
Permítanme decirlo abiertamente: estamos rodeados por una empresa global de degradación, de crueldad, de matanza, capaz de rivalizar con todo lo que llegó a hacerse durante el Tercer Reich, de dejar todo aquello incluso a la altura del barro, con la peculiaridad de que la nuestra es una empresa sin fin, que se autorregenera y que incesantemente trae al mundo nuevos conejos, ratas, aves de corral y ganado de toda especie con la sola intención de matarlos".
Siento escalofríos al leer estas líneas. A veces infravaloramos el poder que tenemos como no-consumidores. Podemos parar esta empresa global porque está completamente sustentada en nuestra demanda. Solidarizándonos con las víctimas, poniéndonos de su lado, podemos conseguirlo.