Uno de los mayores enemigos que tienen los animales que esclavizamos, es la indiferencia y el egoismo de los seres humanos. Estamos muy cómodos en nuestra situación privilegiada. En ese espacio ficticio que nos hemos creado, un lugar donde nos miramos como seres supremos, seres superiores. Un lugar donde negamos nuestra animalidad, donde nos negamos a reconocernos en el otro, ya que no vemos a un igual, vemos a un ser inferior, un ser que existe para servirnos.

Tenemos que derribar ese muro de la indiferencia, incendiar ese espacio ficticio y reconstruirlo. Reconstruirlo mirándonos sin prejuicios, dejando de ver la especie a la que pertenecemos. Reconociéndonos como animales, viéndonos como seres diferentes pero no superiores, y por supuesto, reconociendo a los demás animales. Reconociendo sus necesidades, poniéndonos en su lugar, empatizando con ellos, solidarizándonos con ellos. Porque todos y todas queremos disfrutrar de nuestra vida. Porque todos y todas sufrimos si nos golpean. Porque todos y todas queremos vivir libres. Porque todos y todas somos diferentes pero iguales.