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9 imágenes que retratan la crueldad de la industria del huevo

Internacional
En el supermercado los vemos perfectamente empaquetados y apilados. No sabemos de dónde provienen. No sabemos cómo viven (y mueren) las gallinas que los ponen. Se consumen millones y millones de huevos. Pero, ¿cómo son producidos?

En el supermercado alguien echa a su cesta una caja de huevos. Luego se dirige a pagar a caja. Esta acción anónima se repite millones de veces al año. En Europa cada persona consume de media al año 250 huevos. En América Central son 300 huevos por persona al año. En América del Norte la estadística es de 240 huevos.

Los huevos están omnipresentes en la alimentación. Las cifras de consumo a nivel mundial son astronómicas. No sólo son consumidos en forma de huevo, sino como ingrediente de muchos otros productos. Pero, ¿cuál es el precio que se paga por semejantes cifras de consumo? Ésta es la parte que la industria del huevo no publicita. La parte que no se ve en el supermercado. La parte que habla de las gallinas que ponen los huevos. He aquí la verdad que pocos conocen.

1. Una granja industrial de gallinas ponedoras no es un lugar al que irías a pasar el día.

Las granjas de gallinas ponedoras son lugares sórdidos y oscuros. No esperes que esta imagen aparezca en la publicidad de las cajas de huevos. La verdad no es publicitable.

Imagen: animalsaustralia-media.org

2. Los huevos son puestos por gallinas. Ok, pero, entonces, ¿qué hacen con los pollitos macho que no ponen huevos?

Los pollitos macho de la raza de las gallinas ponedoras no le sirven a la industria. No ponen huevos (obviamente), y no sirven por su carne. Su destino es morir a las pocas horas de nacer. Como es normal el 50% de pollitos son macho. Esto supone que la industria del huevo elimina inhumanamente a millones y millones de pollitos nada más nacer.

Imagen: awfw.org

3. La mayoría de gallinas ponedoras viven enjauladas. Sólo pisarán el alambre de la jaula durante toda su vida.

Una granja industrial es un lugar pensado para hacer dinero. Olvídate del bienestar animal. Aquí lo que importa es producir. Todo está pensado para abaratar costes. ¿Quién lo paga? Las gallinas. Imagina vivir toda tu vida pisando una cuadrícula de alambres.

Imagen: Jon Amad / Igualdad Animal

4. Enjauladas y hacinadas de por vida. Hasta siete gallinas pueden vivir en una jaula diminuta en la que no tienen sitio ni para extender sus alas.

A las gallinas nada más nacer les cortan parte del pico. ¿Te preguntas por qué? Vivir toda la vida en condiciones extremas no es fácil. Surgen peleas. Se picotean unas a otras produciéndose heridas. El pico es recortado para que no se maten unas a otras a picotazos. ¿Cruel? Sí. ¿Inhumano? también. Es el precio que pagan por el consumo de huevos.

Imagen: Jon Amad / Igualdad Animal

5. Vivir junto a decenas de miles más en una granja industrial tiene consecuencias.

Incluso si no viven en jaulas. El estrés, el continuo roce con materiales industriales, la enfermedad… Viven para producir huevos y nada más. Y su salud se resiente. Como consecuencia pierden parte de su plumaje, lo que las hace todavía más vulnerables.

Imagen: Igualdad Animal

6. A una granja industrial no le darías un premio a la higiene.

Imagina una nave industrial de cien metros de largo. En su interior pasillos y pasillos llenos de jaulas. Las jaulas se instalan unas encima de otras en los pasillos. Toda las deyecciones de las gallinas de arriba caen en las de abajo. Hay granjas en las que viven hasta 100.000 gallinas. O más. ¿Quién va a limpiar toda la cantidad de suciedad que se produce? Pero eso no lo verás en las cajas de huevo en tu supermercado.

Imagen: Jon Amad / Igualdad Animal

7. Muerte, muerte, muerte por todos lados.

Si has leído hasta aquí, ya imaginarás que la vida no es fácil si eres una gallina ponedora. Nada fácil. De hecho, muchas gallinas no llegan al matadero. Mueren antes en las granjas. Las condiciones inhumanas son demasiado para las más débiles y mueren en las jaulas. Las compañeras de jaula tienen que convivir con la compañera muerta. A veces las retiran los operarios. Otras no… Imagina.

Imagen: Igualdad Animal

8. Los huevos que nunca nadie comerá.

Las gallinas de las granjas industriales ponen huevos a un ritmo no natural. Incluso se recurre a iluminar las granjas por la noche para que las gallinas sigan despiertas y poniendo huevos. Esto se cobra un alto coste en su salud. Hay enfermedades típicas de estos animales. Una de ellas es que hay huevos que se enquistan en su interior. Esto produce un tremendo sufrimiento a muchas de ellas. Mueren sin atención veterinaria alguna. En una granja industrial no hay atención veterinaria individual. Es demasiado cara.

Imagen: Igualdad Animal

9. La recompensa a una vida de producción de huevos: un contenedor de basura

Las gallinas que mueren en las granjas industriales son arrojadas a contenedores. Las bajas son numerosas. Nadie dijo que ser gallina ponedora fuera fácil. Lo peor de todo, es que estas gallinas son las más afortunadas. A sus compañeras les espera más y más sufrimiento. Algo está terriblemente mal cuando la muerte es lo mejor que te puede pasar. Pero la industria del huevo no está aquí para hacer del mundo un lugar mejor.

Imagen: Jon Amad / Igualdad Animal