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«No soy una máquina. Soy una madre y extraño a mi bebé»

Internacional

Es muy probable que si las madres atrapadas en la industria ganadera pudieran expresar en palabras su sentir, esto sería lo que escucharíamos: «No soy una máquina. Soy una madre y extraño a mi bebé».

Cada año, la cruel maquinaria somete a las más terribles formas de maltrato y envía al matadero a un número de animales de granja equivalente a ocho veces la población humana del planeta Tierra. Es, sin duda la principal causante de maltrato animal en la historia.

Las madres atrapadas en la industria le proporcionan los animales que serán criados para su carne y, por supuesto, ellas también son objeto de las peores vejaciones. Pero, ¿conoces cómo son sus vidas?

 

1. Estar encerrada y ver morir a tus hijos sin poder hacer nada para salvarlos

Las cerdas pasan dos meses y medio en grupos y luego dos meses y medio en jaulas donde no pueden moverse ni darse la vuelta. Este ciclo se repite al menos 7 veces a lo largo de su vida.

Mientras permanecen en las jaulas no pueden cuidar de sus bebés como quisieran y los aplastan sin poder hacer nada para ayudarles. Muchos mueren al instante o sufren largas y dolorosas agonías sin recibir nunca ninguna asistencia veterinaria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2. Las inconsolables vacas

Para que una vaca produzca leche debe dar a luz. Su hijo le es arrebatado de su lado apenas minutos luego del nacimiento para evitar que consuma su leche y si es macho será matado siendo aún un bebé.

Esta separación provoca un profundo sufrimiento en las vacas. Durante días lloran inconsolablemente y se separan del grupo durante semanas para tratar de recuperarse del duro golpe que supone alejarse de sus bebés.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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3. Las gallinas: madres forzadas a producir como máquinas

Las gallinas son los animales que llevan una de las vidas más miserables en el planeta. Son forzadas a vivir en jaulas dentro de un espacio no mayor al de una tablet donde jamás llegan a desarrollar sus instintos naturales y sufren un gran estrés psicológico.

A pesar de ser madres altamente protectoras y de preferir tener nidos privados aunque eso implique pasar hambre y sed para alejar a los depredadores, las gallinas ponedoras nunca llegan a conocer a sus hijos.

Entre lo huevos que son fecundados nacerán las hembras que sufrirán el mismo terrible destino de sus madres y los machos que al ser inservibles para la industria (no ponen huevos ni su carne es apta para consumo) serán triturados vivos o lanzados a pipotes de basura donde son aplastados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada bebé necesita estar con su madre y no es justo separarles. Por favor, considera escoger opciones vegetales que no provocan estas consecuencias en los animales y libérales del sufrimiento.