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¿Por qué amamos a perros y gatos y nos comemos a vacas, cerdos y pollos?

Internacional

Estás en el sofá. Tu perro o tu gato se acerca a ti, se para, te mira y tú le devuelves la mirada. Observas sus ojos, su mirada te cautiva: sabes que tras ella hay alguien que te quiere y a quien quieres.

No podrías soportar ver sufrir a tu perro o a tu gato. Pero, ¿sabes qué? Hay quienes solo verían en ellos comida. Los matarían y se los comerían.

Seguro que la sola idea te repugna y te indigna. ¿Cómo podría alguien comerse a un perro o a un gato? ¿Es que no ven sus miradas?, ¿no saben que tras ellas hay alguien a quien querer y que nos quiere?

Hasta aquí todo normal. Lo tenemos claro: nuestros perros y gatos son nuestra familia y les queremos. Ellos no son comida: son nuestros amigos.

Pero la cosa se complica: ¿sabías que los cerdos son animales con mayor inteligencia que perros y gatos?, ¿que, de hecho, su inteligencia es comparable a la de delfines y chimpancés?

¿Sabías que los pollitos empiezan a comunicarse con su madre incluso antes de salir del huevo y que pasan los primeros días de vida emitiendo un característico piar para que su madre sepa dónde están en todo momento?

¿Sabías que las vacas pasan días enteros mugiendo, desgarradas por el dolor de ser separadas de sus hijos, los terneros y terneras que nos abastecen de carne? ¿Y que eso les sucede una vez tras otra, en cada parto, tras ser inseminadas artificialmente una y otra vez?

¿No son todos estos rasgos de los animales de granja muestra de que también hay alguien tras sus miradas? Si vivieran con nosotros y fueran ellos los que se aproximaran y nos miraran, ¿nos los comeríamos igualmente?

¿Son comida los perros y gatos? ¿Lo son las vacas, cerdos y pollos? ¿Que sentiría alguien que conviviese con un cerdito como mascota si nos lo comiéramos?

Y la pregunta más importante de todas: en un mundo en el que podemos alimentarnos perfectamente sin dañar a los animales, ¿por qué elegir comérnoslos?

Algo no encaja en nuestra manera de ver a unos y otros animales. Muy dentro de nosotros, en un lugar entre nuestro cerebro y nuestro corazón, el interruptor de la empatía hacia los animales de granja permanece oculto. Las luces de la publicidad de la cruel industria cárnica mantienen distraída nuestra capacidad de ponernos en su lugar.

Mientras, en un infernal e inhumano matadero, cerca, muy cerca de nosotros, un animal espera su turno en la fila, camino del matarife. Sus preciosos ojos observan aterrados alrededor, pero no tiene escapatoria.

A menos que nosotros decidamos hacer algo por él y por todos los que vendrán después.

¿Lo haremos?

Si quieres dar los primeros pasos hacia una alimentación que tenga en cuenta a los animales de granja visita las fantásticas websites Gastronomía Vegana y Danza de Fogones donde encontrarás información y recetas para ayudarte a dar el paso.